La muerte de Jesús no es lo que tradicionalmente algunos
en la Iglesia y los movimientos pentecostales enseñan, una muerte expiatoria. Esa
explicación del fin de la vida de Jesús en la tierra se queda muy en las nuves
y no compromete en nada la vida de los cristianos. Con ello se reduce el
compromiso de Jesús por el reino y su entrega amorosa hasta dar la vida. Seguramente
hemos escuchado muchas veces ese discurso en nuestras parroquias, en las que se
nos dice que Jesús murió porque así lo había querido el Padre y que murió en la
cruz para salvarnos de la condenación eterna.
En segundo lugar, debemos desenmascarar la imagen del
Dios castigador y juez que muchos en la Iglesia siguen sosteniendo. Esa imagen
del Dios que exige victimas para la salvación. Dios no exige a ningún ser
humano el sacrificio de la propia vida y mucho menos de su hijo, Dios no esta
enojado con el ser humano pero si quiere su arrepentimiento y entrega generosa.
No pide victimas, Dios no es como el dios del capital, el dios dinero del sistema
económico y político que exige victimas, Dios no es un victimario, él ofrece la
salvación gratuita en Jesús para todos. Dios es amor nos dice el evangelio de
Juan y lo sigue repitiendo en la primera carta, su amor es tan grande que nos
entró a su hijo único para que todo el que crea en él tenga vida. Quienes se
acercan a Jesús y se adhieren a su mensaje son portadores de las buenas nuevas
del Padre, de la buena nueva del reino de Dios, del compromiso por instaurarlo aquí
en la tierra luchando en contra de las tinieblas y el anti-reino de los
sistemas económicos que esclavizan al ser humano y condenan de muerte a
millones día a día. Él vino a darnos la buena noticia de que hay salvación si
nos abrimos a su propuesta. No esta enojado y no nos condena, nos exige cambiar
de rumbo, quitarnos los vendajes que el consumismo nos impone y ver la realidad
del reino entre nosotros. Su amor es grande y su hijo nos lo ha dado a conocer.
Debemos responder a su amor renunciando a los egoísmos, injusticias, muerte,
temor y todos los antivalores de nuestra sociedad.
Hoy día también muchos son condenados a muerte: hambre,
violencia, guerra, falta de empleo, persecución por su color de piel,
discriminación por sexo o religión, etc. Hoy día, también se siguen
crucificando a muchos en nuestro mundo, en pleno 2012 también hay mucho cristos
crucificados, unos clavados con balas otros condenados a muerte lenta y
dolorosa. Dios sigue muriendo con Jesús en el rostro de aquellos que no ven luz
nunca en esta vida, de los pobres que no tienen lo necesario par subsistir, de
los que se quedan sin trabajo, de los inmigrantes que son deportados todos los
días hacia sus países de origen después de haber sido usados por sistema y
exprimidos hasta quitarles la esperanza, hoy día hay miles de millones de
mujeres que sufren violencia en sus hogares, en las Iglesias, en las
instituciones gubernamentales, todas aquellas que sufren acosos y salarios por
debajo de sus capacidades simplemente por ser mujeres…todo ese dolor lo asume Jesús
en la cruz, toda esa muerte hoy la asume y pide desde ella a los cristianos que
lo bajemos de tal dolor. El pueblo sufriente, el pueblo crucificado llora desde
la cruz y grita esperando a que los cristianos nos dignemos a aliviar el dolor
de los crucificados de la historia. Ellos, el pueblo sufriente junto con los mártires
nos reclaman vida y compromiso para que no haya más muerte ni dolor. Dios mismo
esta muriendo con Jesús, Dios mismo muere hoy con su pueblo y nosotros no
podemos sólo darnos golpes en el pecho, adhirámonos a su palabra y trabajemos
como Jesús para que su reino sea una realidad.
Jesús se ofrece, como nos lo dice el evangelio de Juan,
no le quitan la vida, él la entrega. Lo hace pues es consecuente con su
predicación y comprende que sólo se puede salvar del dolor y la muerte al que
el sistema condena al ser humano mediante el misterio pascual. Esa es la muerte
que llega a dar vida, es la semilla que muere en la tierra para dar frutos. Quienes
se entregan totalmente también encontraran vida, quienes dejan comodidades y
dicen si a Jesús y su proyecto rechazando toda clase de injusticia (venga de
donde venga) encontraran oposición como la encontró Jesús, como la encontró Martin Luther King, como la encontró
Oscar Romero y como la encuentran todos los cristianos fieles al evangelio,
pero también encontraran vida la vida que supera la muerte del sistema. Quienes
entreguen su vida por amor vivirán, no sólo los que mueren mártires sino también
todos aquellos que día a día se entregan a Dios y al servicio de su reino
proclamando con su vida que el reino de Dios es posible entre nosotros y lo
hacen vida con sus vidas, esos ganan la vida. De este tipo de cristianos
estamos llamados a ser: generosos, solidarios, quienes buscan la verdad,
quienes buscan la justicia, quienes trabajan por la paz, quienes comparten
desde su pobreza, quienes hacen vida el evangelio.
Amílcar E. Valencia
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