Buena Nueva según San
Lucas
Palabra del Señor
Comentario
Nos encontramos al final de la primera obra de Lucas, el
evangelio, en el que también nos relata las apariciones de Jesús a los discípulos
que aún no acaban de creer del todo a pesar del testimonio de las mujeres y de
Simón. Lucas, contrario a los sinópticos y Juan, no dice nada sobre las apariciones en Galilea
quizá porque las desconoce o las ignora completamente. Quiere presentarnos la
experiencia de la resurrección en Jerusalén acentuando que el lugar del fracaso
será también el lugar de la predicación de la fe en Jesucristo, esto sobre todo
en la segunda obra (los Hechos de los Apóstoles) que nos relata la venida del
espíritu Santo a todos los discípulos y apóstoles.
El relato de hoy nos cuenta que los discípulos estaban
contando la experiencia del encuentro con el resucitado, que lo habían
reconocido al partir el pan. No habían terminado de contarle a los once cuando
se aparece Jesús entre ellos. A diferencia de las apariciones anteriores, Lucas
por primera vez nos cuenta la aparición a toda la comunidad. Antes se había
aparecido a Pedro y los discípulos de Emaús (que podrían ser mujeres). Los discípulos se asustaron, pensaron que era
un fantasma. Aun no han llegado a la fe en la resurrección, están con miedo a
la muerte y no creen en la vida o quizá no quieren creer en la vida por el
riesgo que implica. Jesús ante ellos les pregunta la razón de esas dudas e
inmediatamente les muestra las manos y los pies.
Mostrar las manos y los pies son el testimonio más
verifico de que el resucitado es el crucificado. Eso lo tendrán muy presente
los discípulos durante toda su vida. La cruz será siempre el recuerdo de la
vida, del vencimiento de la muerte pero no antes de la cruz, así la gloria de
la resurrección es comprendida desde el sufrimiento de aquel que se entregó por
amor hasta dar la vida, muriendo en el madero de la cruz. Pero el sistema que
le mata no vence, vence la vida auto-entregada ya desde antes. Ese el gran reto
para los discípulos vivir plenamente sin temor a perder la vida. Quizá por ello
decimos que no creían al principio en la resurrección o no querían creer en
ella, pues implica creer en la vida e ir en contra del sistema que ofrece
muerte.
Quizá les llevó mucho tiempo llegar a esa alegría. Jesús había
animado a todo un pueblo con su predicación del reino de Dios, pero finalmente
es silenciado y crucificado. ¿Cómo habrá quedado la moral y la fe de aquellos
seguidores suyos? Naturalmente destrozada. Ellos sin esperanza y con miedo no
pueden más que esconderse. Tiempo les habrá llevado en llegar a la fe en el resucitado,
por ello Jesús les pregunta por sus dudas. Después su miedo se tornó en
asombro. Se llenaron de alegría al descubrirle ahí, entre ellos. Esa es la
alegría de aquellos que aceptar dedicar su vida por el reino. Ellos ya están participando
de esa vida que tanto les había hablado de Jesús y que sólo después de la
experiencia pascual pudieron comprender y abrazar.
Abiertos sus corazones a la vida pudieron entender también
las escrituras. Se les abrieron los ojos y el entendimiento. Como decimos en el
lenguaje popular, les calló el veinte, comprendieron. Ahora lo veían todo
claro, no había donde perderse ni razón para el encierro, se abrieron a la vida
y desde ella pudieron predicar lo que Jesús les explica a continuación, de su
muerte-cruz-resurrección. Ese es el mensaje misional de la fe de los discípulos.
Predicar la pasión y la resurrección,
que fue a la vez el primer credo cristiano. La predicación del kerigma se
centra en estos tres elementos según la lectura: Jesús-Cristo, pasión y
resurrección, que será el encargo de Jesús para los discípulos. Ellos, como
testigos ahora son enviados, apóstoles.
“Los discípulos son aquellos que han vivido personalmente
tales hechos y han sido instruidos sobre la significación redentora por el
resucitado mismo, que ha abierto los ojos de su entendimiento.”[2] Ahora
se encuentran capacitados para predicar esa buena noticia al mundo entero. Así
mismo, todos quienes hayamos creído en la resurrección también somos enviados,
como los discípulos (hombres y mujeres por igual) a predicar esa buena noticia
de la Vida ofrecida por Cristo, recordando la pasión y el triunfo sobre la
muerte que es la resurrección.
Hoy en día es necesario que recordemos este gran mensaje
de vida en nuestra realidad de muerte y exclusión. Quizá hoy los cristianos y
cristianas estamos convencidos de la resurrección pero nuestra vida no refleja
haber sido transformada por tal realidad. La fe en la resurrección se convierte
sólo en un elemento más que repetir en la profesión de fe pero no algo que
afecta nuestra vida cotidiana. Hemos de preguntarnos cuál es el llamado que Jesús
nos hace como comunidad cristiana en este mundo. Si creemos en la resurrección
y el Señor abre nuestros ojos para que comprendamos las escrituras ¿Por qué
vivimos como si nada pasara en el mundo, indiferentes al dolor y al sufrimiento?
¿Por qué los cristianos no somos testimonio de la vida plena predicada por
Jesús?
¿Qué significa la fe en el
resucitado para ti? ¿Qué significa predicar la fe en Jesús?
Meditación[3]
ABRE MI MENTE
Ahora soy yo el
que está a tus pies
y te grita:
Señor, abre mi mente.
Mi cabeza está
dura
y tengo el
corazón cerrado.
Mis puertas
están todas bloqueadas.
Toca mi corazón
y mi cabeza
y abre un
sendero llano,
por donde pueda
transitar tu amor,
tu rostro y tus
palabras
y tu
resurrección.
Hoy es el mejor
día
para que rompas
mis defensas,
y me transformes
en una persona nueva.
Después dame tu
Espíritu y envíame.
Iré con tu poder
a hablar,
a decirles que
hay algo grande,
que está al
alcance de cualquiera.
Y ganarás a
muchos
para el amor, la
libertad y la justicia.
Y habrá más
gente nueva,
discípulas y
misioneras,
como las que tú
buscas,
para estos
nuevos tiempos.
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